Sufragio femenino en Inglaterra

Autora: Emilia Vanegas,

El movimiento sufragista por parte de las mujeres que se dio en Inglaterra fue, además de la exigencia del voto, la demanda de una educación igualitaria para ambos sexos (hombre y mujer), poder optar por la patria potestad de sus hijos y la administración de sus propios bienes, entre otros derechos que ya los hombres tenían desde hacía mucho tiempo.

Pero rebobinemos un poco la historia, vayamos a 1789 en la revolución francesa, cuando se escribieron “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, uno de los textos más importantes de la historia de la humanidad y la consolidación de la civilización occidental como la conocemos hoy en día. Hasta ahí todo bien, pero si prestamos un poco de atención mientras los leemos, nos daremos cuenta de que a pesar de que la mujer luchó junto al hombre durante la revolución, fue relegada a un segundo plano al escribir estos derechos.

Fue ahí cuando una mujer llamada Olympe de Gouges parafraseó “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, escribiendo así “Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, texto que empieza con la famosa frase: “¿Hombre, eres capaz de ser justo? Es una mujer quien te hace esta pregunta.” (O. de Gouges, 2002)

Un año después la inglesa Mary Wollstonecraft escribió su libro: “Vindicación de los derechos de la mujer” en 1792. Libro en el que rebatió cada uno de los argumentos utilizados por múltiples hombres, como filósofos, médicos, periodistas, abogados o políticos que argumentaban la inferioridad de la mujer. Entre las frases célebres que Wollstonecraft escribió se encuentra:

Pero si las mujeres deben ser excluidas sin tener voz ni participación en los derechos naturales de la humanidad, demostrad primero, para así refutar la acusación de injusticia y falta de lógica, que ellas están desprovistas de inteligencia; sino, este fallo en vuestra nueva constitución pondrá de manifiesto que el hombre se comporta inevitablemente como un tirano; y la tiranía, cualquiera que sea la parte de la sociedad hacia la que apunta el frente de su cañón, socava los fundamentos de la moral. (Wollstonecraft 2014)

Fue así como con el pasar de los años algunas mujeres comenzaron a cuestionar el entorno que las rodeaba. Pusieron las cartas sobre la mesa y se manifestaron en la búsqueda de sus derechos.

Corrían los años 60’ del siglo XIX cuando se formaron los primeros grupos sufragistas en Inglaterra. Eran unas pocas mujeres rebeldes que de forma pacífica comenzaron a exigir el voto igualitario. Se juntaban en las calles, daban charlas y repartían panfletos. Sin embargo, por más que estas mujeres hablaran e hicieran el esfuerzo de ser escuchadas, el Estado no las atendió en ningún momento. Tampoco detuvo a ninguno de los hombres que las atacó durante sus charlas. Durante cincuenta años las cosas fueron así para las sufragistas, víctimas de constantes abucheos y abusos, sin mencionar cómo el Estado nunca las volteaba a ver.

Fue en 1903 cuando Emmeline Pankhurst tomó las riendas del feminismo, creó el Sindicato Político y Social de las Mujeres (WSPU en inglés) y organizó el movimiento de modo que las mujeres se unieran de verdad y fuesen escuchadas. “Nosotras, mujeres sufragistas, tenemos la misión más grande que el mundo haya conocido: liberar a la mitad de la raza humana y, a través de esa libertad, salvar al resto” (Pankhurst, 1917).

Actualmente se cree que el voto igualitario fue una cosa que “se pidió por favor” y ya está, sin embargo, esa afirmación dista muchísimo de la realidad. Como ya mencioné antes, transcurrieron cincuenta años antes de que el feminismo se organizara.

Con Pankhurst nació el Feminismo Radical, es decir, el feminismo que va a la raíz de las cosas con el fin de cambiar, analizar y discutir los aspectos de la sociedad que haya que modificar. Así mismo, cuando las sufragistas se dieron cuenta de que su estrategia de ser moderadas no funcionaba comenzaron a revelarse de verdad. Ellas saboteaban comercios, hacían bombas caseras y las metían en los buzones de las calles, se encadenaban en las vías del tren, dañaban las líneas eléctricas, se encadenaban a los muros del Parlamento e incluso llegaron a agredir un miembro del partido que se posicionaba en su contra. Además, siguieron marchando, dando charlas y repartiendo panfletos.

Las sufragistas se hicieron ciertos símbolos propios y comenzaron a pintar las paredes de los edificios con frases como “Si las mujeres influyen en la sociedad, entonces deberían tener el voto y el poder de contribuir en dicha sociedad” o “¿Por qué nosotras no tenemos los derechos que ellos sí?” y también el eslogan propio de Emmeline Pankhurst “Hechos, no palabras”.

Fue así, con estas nuevas formas, que las sufragistas comenzaron a ganar terreno en su lucha, pues además de la indiferencia por parte del Gobierno, tuvieron que enfrentarse a los abusos sexuales, físicos y verbales por parte de la policía y algunos otros ciudadanos que les propiciaron durante sus manifestaciones. En añadidura, eran encerradas en la cárcel por días o meses, y eran torturadas. No obstante, estas mujeres nunca perdieron el valor ni la fuerza. Las sufragistas hacían huelgas de hambre allí dentro, obligando así al gobierno a que las liberara.

Hay un caso muy famoso de una sufragista que se convirtió en mártir, fue el de Emiliy Davison, que se lanzó a las patas de un caballo que corría por el Rey en el Derby de EPSON en 1913. Su objetivo era colgar la bandera sufragista en el lomo del caballo, pero éste la arrolló y murió a los pocos días debido a sus heridas.

De esta manera fue que durante años las sufragistas lucharon, contra viento y marea, en la exigencia de unos derechos básicos que les habían sido negados. La lucha fue ardua, hasta que el 6 de febrero de 1918 el Parlamento Británico adoptó la Ley de 1918 sobre la representación popular. Esta ley permitía que todas las mujeres de más de treinta años y que tuvieran propiedades pudiesen votar. Sin embargo, esta no era una ley que garantizara el voto igualitario, pues los hombres podían votar a partir de los 21 años de edad y sin restricción alguna. Por lo tanto, las sufragistas tuvieron que seguir peleando diez años más, hasta que en 1928 se aprobó el voto igualitario en Inglaterra.

Fue así como las mujeres inglesas cambiaron el mundo, inspirando a millones de naciones a repetir sus pasos, y dando pie al movimiento feminista moderno. Pues de una cosa podemos estar seguros, y es que Emmeline Pankhurst tenía razón.

Bibliografía

De Gouges, Olimpia. «Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana.» Dikaiosyne, nº 9 (Diciembre 2002): 191-194.

Muller, Catel, y Jose-Louis Bocquet. Olympe de Gouges. Traducido por Lucía Bermúdez Carballo. Madrid: Sinsentido, 2012.

Schrupp, Antje. Pequeña historia del feminismo. Traducido por Jesús Espino Nuño. Madrid: Akal, 2018.

Wollstonecraft, Mary. «Vindicación de los derechos de la mujer.» Isonomia, 2014.

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