LECTURA, AVENTURA Y HERMENÉUTICA: Acercamiento a la poesía de Bertolt Brecht.

“[…] Era un autodidacta radical, un lector de esos que ya no existen, que invierten las horas y los días entre libros, sin comer, sin dormir, como si el mundo de afuera hubiera desaparecido o perdido su importancia.

Él no leía por educación o cultura; no, leía porque en las páginas de los libros encontraba la energía y los argumentos necesarios para continuar despreciando un mundo que aborrecía, que detestaba con todas sus fuerzas y al que algún día le encantaría aniquilar, bombardear, fumigar.

Quien lee así, con rabia, desde una anarquía secreta, convierte los libros en armas, en fusiles, en granadas, en ametralladoras, y permanece la vida entera con el dedo en el gatillo […]”

Mario Mendoza.

Bertolt Brecht fue un hombre extraño para su época, un rebelde extravagante, un habilidoso jugador de ajedrez, un lector profundo, un talentoso dramaturgo, un fino escritor y un crítico contundente de su contexto. Procuró siempre desafiliarse de los cánones de su tiempo, mantenerse al margen, romper con los estereotipos morales y sociales heredados por la tradición. Se interesó vivamente por lo distinto, por lo no-común. Buscó apasionadamente nuevas expresiones poéticas y construyó febrilmente diferentes manifestaciones teatrales. De ahí que su obra sea el reflejo de una aventura personal, es decir, la representación poética y teatral de sus experiencias vitales. La estética de Brecht se encuentra indisolublemente unida a la vida, a la aventura, al compromiso social y político, al teatro, a la poesía y a la experiencia.

Brecht fue un escritor comprometido con su época. Desde el teatro y la poesía compartió los planteamientos del marxismo, aunque supo mantenerse siempre alejado del adoctrinamiento ideológico. Su compromiso con las “clases menos favorecidas”  iba más allá de las ideologías proletarias. Invitó a luchar por una mejor sociedad, criticó las formas de poder y de organización social preestablecidas. Sus influencias románticas y marxistas lo llevaron a crear lo que en su tiempo se llamó teatro dialéctico o teatro épico. Éste se distingue del teatro clásico (aristotélico) por la función y el contenido socio-político que expresa. Brecht escribió con pasión y vitalidad, al estilo nietzscheano, es decir, con sangre, con espíritu:

“De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.

[…] Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria.

[…] No con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez!” (Nietzsche, Así habló Zaratustra, 73)

Escribir con sangre es escribir con vigor, fuerza, vitalidad y pasión. Sólo quien escribe así merece ser leído. Sólo quien escribe con sangre merece ser llamado escritor. Sólo quien lee con sangre merece ser llamado lector. La escritura “sangrienta” de Brecht obedece a una estética del sentir y el pensar, es decir, la poesía y el teatro no son un paliativo de la existencia, por el contrario, el arte no sólo debe generar sensaciones “agradables”, sino que debe, además, generar transformaciones en los sujetos, debe ser una exhortación directa al sumergimiento en los laberintos del pensamiento. El arte (poesía y teatro) es una condición fundante de la vida humana.

Leer a Brecht es sumergirse en los laberintos del pensamiento, leerse así mismo en el texto, transformarse de manera definitiva como sujeto que deviene. Constantemente en su poesía se encuentran elementos relacionados con el valor de la vida, la risa, la condición del hombre en el mundo, la condición del mundo a causa del hombre, el rechazo de los ideales burgueses y la reivindicación de los valores sagrados que dan sentido a la tierra.

A continuación se han escogido dos poemas en los que, como se verá, se reflejan los contenidos vitales de la escritura de Bertolt Brecht. El primer poema elegido representa la reivindicación del valor de la vida y el rechazo categórico a los seductores que engañan y le restan valor a la misma, veamos:

Contra la seducción

No os dejéis seducir: no hay retorno alguno.

El día está a las puertas,

hay ya viento nocturno:

no vendrá otra mañana.

No os dejéis engañar

Con que la vida es poco.

Bebedla a grandes tragos

porque no os bastará

cuando hayáis de perderla.

No os dejéis consolar.

Vuestro tiempo no es mucho.

El lodo, a los podridos.

La vida es lo más grande:

perderla es perder todo.”

(Brecht, Poemas y canciones, 15)

Es inevitable pensar en Nietzsche al leer el poema “Contra la seducción”. Los seductores que Brecht menciona en su texto se asemejan a los predicadores de la muerte. Esta semejanza es evidente en la medida en que, tanto uno y otros, van por la vida invitando a no vivir, a renunciar. La vitalidad del poema se encuentra precisamente en la oposición radical a los valores que niegan la vida. No deja de ser sugestiva la expresión “no hay retorno alguno”, si bien es clara, es decir, después de la muerte no existe la posibilidad de regresar a la vida, es inevitable no detenerse allí, ya que no deja de suscitar un impacto contundente que pone al lector ante la exuberancia de la vida. Otra expresión categórica en el poema que nos hace pensar en la vida como única realidad, es decir, que después de la vida no existe ninguna otra dimensión, es aquella que dice “no vendrá otra mañana”. Además del rechazo y la negación de un paraíso de ultratumba, Brecht afirma la vida en su más patente inmanencia y contingencia. Y para concluir, Brecht finaliza su alabanza a la vida y al valor de la misma de la siguiente manera “[…] Bebedla a grandes tragos porque no os bastará cuando hayáis de perderla […] La vida es lo más grande: perderla es perder todo.” La invitación a vivir no puede ser menos clara e iluminadora, la vida habrá que habitarla, beberla en abundancia, porque todo se pierde cuando se pierde.

El segundo poema que se ha elegido para poner de manifiesto las exigencias de Brecht a los lectores con respecto a la vida y el valor de la misma es el siguiente:

Canción del comerciante

[…]

¡Yo qué sé lo que es el arroz!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el arroz.

No sé más que su precio.

[…]

¡Yo qué sé lo que es el algodón!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es el algodón.

No sé más que su precio.

[…]

¡Yo qué sé lo que es un hombre!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

Yo no sé lo que es un hombre.

No sé más que su precio.” [1]

(Brecht, Poemas y canciones, 58)

La “canción del comerciante” pone de manifiesto el nihilismo moderno. La desvalorización de los verdaderos valores. La ausencia de sentido. En la canción se ve claramente la pérdida del valor de las cosas y la sustitución económica del valor. Los actuales tiempos se debaten entre la indiferencia, la ausencia de valor y la confusión de sentido. Que los hombres modernos ya no conozcan más que el precio de las cosas, en lugar de su valor, nos ha sumido en la desesperanza. La cosificación del ser es el problema fundamental al que deben enfrentarse las masas modernas. Habrá que preguntarse si el proyecto humano tiene algún sentido. Y cuando hablamos de proyecto nos referimos explícitamente al proyecto nihilista-económico que parece haber invadido todas las esferas de la vida. De los hombres ya no sabemos más que su precio, de la vida ya no sabemos más que su cuantía. La transustanciación de valor a precio nos pone de manifiesto la profundidad de la crisis contemporánea.

“Lo que en otra época se hacía por amor a Dios se hace ahora por amor al Dinero.” Nietzsche.

“Hoy en día el hombre conoce el precio de todo y el valor de nada.” Wilde.

Para terminar quisiera simplemente agregar un poema más. Un poema que refleja la ilusión de las masas ante los vendedores de ilusiones y esperanzas. Ilusiones y esperanzas que en el fondo no son más que mentiras, consuelos metafísicos, económicos o políticos y que a pesar de la conciencia de los hombres sobre esta devastadora verdad prefieren creer en algo a no creer en nada.

Hollywood

Para ganarme el pan, cada mañana

voy al mercado donde se compran mentiras.

Lleno de esperanza,

me pongo a la cola de los vendedores.”

(Brecht, Poemas y canciones, 133)

Bibliografía

Brecht, Bertolt. Poemas y Canciones. Traducido por Jesús López Pacheco y Vicente Romano. Madrid: Alianza, 1975.

Mendoza, Mario. Buda Blues. Bogotá: Planeta, 2011.

Nietzsche, Friedrich. Así habló Zaratustra. Traducido por Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 2001.

—. El crepúsculo de los ídolos. Traducido por Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 2002.


[1] Se han extraído de la “canción del comerciante” sólo los coros para efectos del análisis.

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